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Práctica docente de calidad

Actualizado: 15 de feb de 2018


Calidad:  Propiedad o conjunto de propiedades inherentes a una cosa que permiten apreciarla como igual, mejor o peor que las restantes de su especie.” RAE.


Es entonces hablar de comparar, de poner en la mira un elemento característico de algún servicio, como puede ser la Eduación a través de sus prestadores, y “valorar” la percepción que se tiene de él respecto a ese mismo elemento pero de otro prestador.  ¿Subjetivo u objetivo? Tan subjetivo como el fenómeno de la percepción, pero tan objetivo como los puntos que sume la medición del mismo.


Hablar de “calidad” personalmente siempre me ha parecido un tema escabroso, subjetivo, apreciativo, y que muchas veces sirve simplemente como herramienta a favor o en contra de las organizaciones, según quien la mida y para qué la mida.  Es sin duda un concepto que rige el pensamiento de consumo de prácticamente todas las personas, y habiéndose trasladado la Educación como fenómeno social puro, al plano de los servicios en tanto se viene profesionalizando, es de relevancia más allá de las apreciaciones personales.


Y si hablamos de calidad en las profesiones, sin duda la del docente es una que debe exigir los “más altos estándares de calidad”, ¿y quién los establecerá?  ¿Podemos comparar y exigir que la calidad educativa y docente de nuestro Sistema Educativo Nacional Mexicano se parezca al de Finlandia, al de Japón, al de Chile, al de Cuba? ¿No es el contexto de la propia Educación y los docentes un elemento determinante de sus avances y resultados?


Muchas veces he escuchado en eventos educativos de escuelas particulares a ponentes, pero sobre todo asistentes, que muestran su indignación ante lo lejos que estamos de Sistemas Educativos como los que menciono; muestran imágenes de los “espectaculares” salones de clases en los que trabajan muchos niños de allá, y la “calidad docente” que impera.  Pero no he escuchado, nunca, debo decir, que se hable del contexto cultural y social en el que se da la Educación en dichos países, se dice “es que en esos países el docente es todavía respetado y valorado como una figura pública y de autoridad moral en la sociedad, cosa que en México se ha perdido”, ¿y qué hacen esos docentes para mantenerse así? ¿será que la sociedad le quita ese valor y autoridad y luego provoca que le mismo docente lo asuma como su realidad?  El regreso a ese paradigma social debemos iniciarlo los propios maestros-formadores, pues en la medida que volvamos a darle el peso social a nuestra labor, la misma sociedad se encargará de asumirlo, y luego pues, a exigirlo.


Mientras todos aquellos que dedicamos tiempo y vida a la docencia-formación tengamos claro que “buscar hacer el bien en los otros” (Éthos) debe constituir el rasgo más importante de nuestra identidad docente (Etos), no habrá necesidad de establecer estándares o normas de calidad, pues en la medida en que promovamos el pleno desarrollo y despertemos en nuestros receptores la necesidad de indagar, la capacidad de analizar y la paciencia para reflexionar, seguros debemos estar de que esa persona está mejor de lo que estaba antes, y por consiguiente, ha pasado por un proceso de mejora de su calidad personal.

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